Siete fronteras para el 15M

Siete fronteras para el 15M

Vengan chicos vengan chicas a bailar. Todo el mundo viene ahora sin pensar. Esto es muy fácil lo que hacemos aquí. Esta es la yenca que se baila así. Izquierda izquierda derecha derecha. Adelante, detrás, un, dos, tres.

La Yenca

 

La frontera puede ser algo que te defina, o algo con lo que te relacionas y que te permite seguir tu propio camino. La frontera puede ser una losa o una oportunidad. Es un problema que solo es malo si no se afronta. Es una pregunta que sirve, como las incógnitas en la ecuaciones, para resolver algo.

Elena Garmedia

1. La Pasión

Las pasiones están en el centro del movimiento. La alegría, la emoción, el contagio, la risa. La furia, la rabia. La potencia apasionada del movimiento ha atravesado la sociedad como si alguien hubiera dinamitado las salas de terapias y acabado con la soledad y los malestares. Sin embargo, una determinada forma de articular las pasiones colectivas hace que todo sea afirmación. El movimiento 15M en los últimos meses ha tenido una notable incapacidad para parar. Para detenerse. Para pensar. Una vorágine apasionada de momentos, sumado a una serie de ataques por parte de los poderes, nos han llevado al desenfreno.

Desde esa realidad, con movilizaciones de decenas de miles de personas en pleno verano, a veces uno tiene la sensación de que no existe afuera del movimiento. Que no existe “la sociedad” y “el movimiento”, sino que son dos cosas iguales. Así, tendemos a pensar que nuestras posiciones ya son comprensibles y están socializadas sólo por el hecho de ser nuestras.

De la misma forma, es sencillo que discursos “apasionados” durante una asamblea nos atraviesen el córtex cerebral y nos ponga los pelos de punta imaginando grandes batallas, superioridad moral y fabulosos enemigos, pero esa forma de producir pensamiento dista poco de la propaganda.

2. La Memoria

La memoria es conocimiento situado. Sirve para orientar el camino, siempre y cuando uno nunca olvide que las circunstancias son siempre distintas. La memoria no puede ser un recurso cliché que se valida por el mero hecho de venir cronológicamente antes. La memoria sólo sirve como traducción. Como puesta al día. No sirve de nada sin innovación.

Superar la frontera de la memoria implica enfrentarnos a algo que da mucho miedo, que es el vacío previo a la experimentación. Asumir el “no saber” por dónde tirar y no llenarlo con la primera propuesta que surja, sólo porque nos suena, porque es lo que se supone que debemos hacer. Lo cierto es que el movimiento 15M aporta grandes novedades, pero dejarnos llevar por recetas no fomenta el pensamiento colectivo.

3.- La visibilidad saturada

El movimiento ha conquistado muchas de las esferas de la realidad, las redes, los medios de comunicación, los barrios, las calles. Es bastante sintomático ver titulares de periódico que hablan de “Organizaciones de izquierdas, sindicatos y el 15M”. Esa relación de jerarquía implica ya una victoria, ese estar al lado de, en pie de igualdad y siendo otra cosa, es territorio conquistado. Pero la visibilidad puede ser también una trampa.

La proliferación de acciones, manifestaciones, paseos, concentraciones y actos de repulsa genera un cansancio tremendo, la sensación de que no estás a la altura de las circunstancias y de ahí a la desafección hay un paso. Esa multiplicidad de convocatorias parecen ser el resultado de la obsesión por llenar un vació y un miedo a “no estar presentes”, algo que deberíamos quitarnos de la cabeza.

La invisibilidad, los tiempos de silencio, son fundamentales para tejer cualquier proceso social. Hay que construir los momentos. El tiempo del evento no puede ser la norma, tiene que ser la excepción.

Y en el momento en que el evento no es la forma de llenar el tiempo, la pregunta que se hace patente es… ¿Cómo organizar el tiempo del proceso? ¿Cómo organizar el silencio?

4. El Combate

Sin conflicto no hay transformación, esto lo sabe cualquiera que haya leído un libro o visto una película en su vida. Sin conflicto no hay acción, sin acción no hay transformación. De acuerdo. Pero, ¿qué combate? ¿qué sentido tiene el combate para nosotros? ¿Se trata tan solo de bloquear y condicionar la política de los políticos?

Esa forma de combate es fundamental, pero no es la única. La crisis económica, la dictadura de los mercados financieros o los recortes sociales tienen una traducción concreta en la vida de cada uno de nosotros. Desahucios, controles racistas, encarecimiento de la vida, paro y precariedad laboral, control de las red son problemas inmediatos. Pero el movimiento tiene que ser capaz de combatir contra los de arriba sin perder de vista la producción de otras formas de vidapor abajo.

5. La identidad

El 15M está sometido a exámenes constantes. Muy pocos de esos exámenes son propios. Los profesores son otros y tienen claro que “el movimiento debe ser como yo era antes de que existiera el movimiento”.

El discurso de lo anterior se presenta como autoridad no a partir de argumentos concretos sobre problemas concretos, sino simplemente por estar antes. Esos exámenes dicen, por ejemplo, que el movimiento no es suficientemente de izquierdas, o no está lo suficientemente definido, o no responde a las preguntas que le hago con las respuestas que me gustaría.

Esas cuestiones no responden a problemas reales, sino a abstracciones ideológicas. A identidades que existían previamente . Fronteras rígidas que vuelven a dibujar lo que es posible y por tanto, a reducir el espacio de experimentación. Identidades cerradas que dicen lo que “se puede o no se puede hacer”, que introducen debates poco o nada concretos y nos conducen a insoportables peleas de egos.

6.- La múltiplicidad

La existencia del movimiento ha puesto en marcha un montón de dinámicas que escapan a cualquier control. La principal es que una gran cantidad de actores sociales se han activado. Esa es tan solo la parte más visibilizada de un proceso con niveles de complejidad mucho mayores. La cantidad de grupos de consumo, colectivos, revistas, proyectos culturales, agrupaciones profesionales, cooperativas, redes de trueque, asociaciones, webs, espacios sociales que están proliferando son enormes. Esa multiplicidad es algo que el movimiento debe tener en cuenta a la hora de organizar sus formas de acción.

Hasta el momento, los espacios físicos, las plazas, habían funcionado como “los lugares de legitimidad” del movimiento. Pero esto está cambiando, ya que la multiplicidad de actores hace que la legitimidad se elabore también a través del contacto entre numerosas redes. Por ejemplo, cuando una propuesta de una comisión o una acción se aprueba con consenso en el espacio correspondiente, eso no quiere decir que tenga un respaldo real. Dichos consensos y acciones deben entenderse más como barómetros para saber cómo las diferentes comisiones, asambleas o grupos se relacionan con un movimiento tan amplio como el 15M. Si pretenden aportar cuestiones para discutir, acciones acordes a un sentir generalizado, nuevas ideas para ser debatidas, etc. O tal vez adquieren posiciones de dirección, ya sea de manera consciente o sin pretenderlo. Una forma de superar esta frontera podría ser que cada nodo trate de respirar con los demás y con el movimiento en general, más que dirigir a.

7. La protección

Esta frontera es más bien autocrítica, pero no quería dejarla de lado. Para muchas personas con las que hablo, el movimiento 15M es el espacio socio-político más importante en el que han participado jamás. Vivimos una suerte de enamoramiento que puede volverse, a veces, posesivo y conservador, por miedo a que algo pueda perturbar la intensidad del momento. Eso lleva a dos dinámicas que son igual de peligrosas porque nos incapacitan para visibilizar potencias.

Una es ver exclusivamente los límites del movimiento y construir un panorama desolador del mismo que en vez de ayudar a afrontar los límites resulta desanimador y paralizante. La otra es la que, por miedo a que la visibilización de cualquier problema resulte desmotivadora, opta por mantener una gran sonrisa haciendo como si no pasara nada.

Ninguna de las dos es justa. Tenemos entre las manos el único movimiento capaz de mirar al presente de tú a tú y presentar batalla. Merece que lo cuidemos, sin dejar de sacarle fallos. Pero sobre todo, merece librarse de cualquier deber ser y caminar con autonomía e independencia.

Construir, en fin, su propia historia.

Guillermo Kaejane

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