El PP y el #15M

#OccupyWallStreet, política y egolatría

MARTES, 11 OCTUBRE 2011

Mariano Rajoy durante la clausura de la Convención Nacional del PP celebrada en Málaga. / Jorge Zapata (Efe)

¿Qué diferencia existe entre un Barack Obama afirmando que comprende la frustración de los indignados a causa de la crisis económica y una Esperanza Aguirreacusándolos de golpistas, camorristas y pendencieros?

El primero intenta entender lo que ocurre en el mundo; la segunda intenta que el mundo la comprenda a ella y a su patatús cuando los vio por la ventana de su despacho. Pero no se ostenta un cargo público para alimentar la egolatría.

Desde el primer día, el PP cometió con los indignados un grave error, que queda al desnudo una y otra vez.

Los populareshicieron un rápido y somero escaneo de la marea de Sol y concluyeron que sólo unos pocos respondían al perfil de votante del PP.

Por lo tanto, concluyeron, no tiene sentido prestarles atención: como no ganamos ni perdemos votos con ellos, nos da igual lo que hagan, pensaron.

Una vez más, el PP confunde lo político y lo electoral. Es posible que los indignados no le resten votos al PP, aunque ni siquiera de eso estoy segura: muchas propuestas del 15-M son de corte progresista, pero muchas otras no encajan en los esquemas ideológicos clásicos, sino que demandan mejoras democráticas con las que se identifican ciudadanos de todo signo.

El PP fantasea con la idea de que la crítica a la corrupción no va con ellos.

Tampoco se sienten concernidos con las demandas de reforma de la ley electoral, como si los ciudadanos no supiéramos que pactó con el PSOE y los nacionalistas para evitar una ley más justa, contrariando no sólo a los indignados avant la lettre, sino también al muy antisistema Consejo de Estado.

La forma en que Rajoy está desarrollando su campaña confirma su peligrosa convicción de que el malestar con la política no les afecta. Un programa electoral es un contrato que los ciudadanos firman con su voto.

Al silenciar todos sus planes, propuestas e intenciones, Rajoy está obligando a los ciudadanos a firmar un cheque en blanco.

¿Hay algo más antidemocrático que eso?

En democracia, la acción de un gobernante se contrasta con lo que va ocurriendo en el país, pero también con las promesas que hizo.

¿Cómo podrá esgrimir su legitimidad y el mandato ciudadano cuando le griten “no nos representas”?

¿Mandato para qué, si ni siquiera nos explica sus ideas?

¿Cómo puede atreverse a mencionar la palabra transparencia cuando no es capaz de revelar ni los planes que tiene para nosotros?

Se ve que los ciudadanos le merecemos escasa consideración, aunque la valoración es recíproca: tres cuartas partes de los españoles insisten en desconfiar de él en todas las encuestas.

Lo triste es que muchos van a votarle, él va a seguir pensando que la regeneración no va con el PP, y la democracia va a deteriorarse aún más, aunque parezca imposible.

http://www.cuartopoder.es/casidesnuda/occupywallstreet-politica-y-egolatria/1338

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